No crean que esto es cuento, ni novela barata de esas que venden en la esquina. Esto es lo que vi, lo que viví, lo que me comí con el lápiz en la mano y el hambre clavado en las tripas. Soy Erangel, un tipo común, pero con un poder que ni yo entiendo, escondido detrás de un lápiz, ese mismo que usé para matar a El Hambre, el jefe de esa banda de maleantes que traficaban con oro falso en las plazas. Oro de mierda, bronze barato, que ellos usaban para cortejar a Juana, la falsa divinidad que con su aliento de dragón les daba muerte honorable, la muerte que ellos buscaban para escapar del hambre. Pero yo no creo en cuentos, ni en dragones, ni en dioses de mentira. Aguanto el hambre, trafico con luz solar en los barrios, en las esquinas, en containers podridos, con mulas que llevan la carga y el dinero lavado, y con un plan que armé paso a paso, como en esos cuentos de Poe, para ganarles a la falsa justicia y desenmascarar a Juana, la reina de las tinieblas. La Luz que No Se Ve Dicen qu...
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