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Mostrando entradas de junio, 2025

Frascos de luz

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Erangel camina entre ruinas que no son ruinas sino costras. Caracas no es ciudad: es cicatriz. El calor le chorrea por la espalda como si el sol lo estuviera castigando por pensar distinto. Lleva un morral lleno de frascos que brillan como ojos de gato atropellado. No vende luz. Vende la ilusión de que la noche no ha ganado del todo. “Esto no es contrabando,” dice, pero nadie le cree. Ni siquiera él. Ailín lo sigue. No como discípula, sino como sombra. Tiene once años y los dedos manchados de código y mugre. Habla poco. Cuando lo hace, parece que recitara telegramas de un futuro que ya fracasó. En la radio clandestina, una voz repite: “La patria es un apagón que aprendimos a habitar.” Los frascos de luz no iluminan. Revelan. Las grietas, los cadáveres de refrigeradores, las cucarachas que se creen dueñas del país. La gente los compra como quien compra estampitas: por fe, no por utilidad. Y Erangel, lúcido, terco, sabe que no está salvando a nadie. Solo está dejando constancia. Com...

El Traficante de Luz Solar (Versión Grotesca y Trágica)

El Traficante de Luz Solar (Versión Grotesca y Trágica) Ambientado en el vertedero de Petare, 2025. Lenguaje coloquial venezolano, con giros corrosivos y estructura difusa. Escena 1: Erangel y el Lápiz Maldito Erangel, flaco como un alambre de púas, se rascaba las costillas bajo un sol que parecía un cuchillo oxidado. En la mano, el lápiz de plomo negro que usó para reventarle los ojos a El Hambre, capo de los maleantes que vendían oro falso en las plazas. —¡Este lápiz no es pa’ escribir poemas, carajo! —masculló, escupiendo flema verde contra un poste de luz muerto—. Aquí el que manda soy yo, y la luz solar no se roba… se trafica. La jerga de los barrios se mezclaba con susurros cuánticos: "Los de la NASA siembran opio en la luna, pero el oro verdadero está en la orina que los magnates convierten en hidrógeno pa’ las bombas". Erangel no creía en cuentos, pero sabía que el container lleno de paneles solares bajo el puente Zurza era su billete pa’ comprarle una muerte honora...

El Traficante de Luz Solar

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Ambientado en el vertedero de Petare, 2025. Lenguaje coloquial venezolano, con giros corrosivos y estructura difusa. Escena 1: Erangel y el Lápiz Maldito Erangel, flaco como un alambre de púas, se rascaba las costillas bajo un sol que parecía un cuchillo oxidado. En la mano, el lápiz de plomo negro que usó para reventarle los ojos a El Hambre, capo de los maleantes que vendían oro falso en las plazas. —¡Este lápiz no es pa’ escribir poemas, carajo! —masculló, escupiendo flema verde contra un poste de luz muerto—. Aquí el que manda soy yo, y la luz solar no se roba… se trafica. La jerga de los barrios se mezclaba con susurros cuánticos: "Los de la NASA siembran opio en la luna, pero el oro verdadero está en la orina que los magnates convierten en hidrógeno pa’ las bombas". Erangel no creía en cuentos, pero sabía que el container lleno de paneles solares bajo el puente Zurza era su billete pa’ comprarle una muerte honorable al sistema. Escena 2: La Cofradía del Bachaco Lun...

Erangel y la Luz de las Tinieblas

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No crean que esto es cuento, ni novela barata de esas que venden en la esquina. Esto es lo que vi, lo que viví, lo que me comí con el lápiz en la mano y el hambre clavado en las tripas. Soy Erangel, un tipo común, pero con un poder que ni yo entiendo, escondido detrás de un lápiz, ese mismo que usé para matar a El Hambre, el jefe de esa banda de maleantes que traficaban con oro falso en las plazas. Oro de mierda, bronze barato, que ellos usaban para cortejar a Juana, la falsa divinidad que con su aliento de dragón les daba muerte honorable, la muerte que ellos buscaban para escapar del hambre. Pero yo no creo en cuentos, ni en dragones, ni en dioses de mentira. Aguanto el hambre, trafico con luz solar en los barrios, en las esquinas, en containers podridos, con mulas que llevan la carga y el dinero lavado, y con un plan que armé paso a paso, como en esos cuentos de Poe, para ganarles a la falsa justicia y desenmascarar a Juana, la reina de las tinieblas. La Luz que No Se Ve Dicen qu...