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Mostrando entradas de 2025

Frascos de luz

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Erangel camina entre ruinas que no son ruinas sino costras. Caracas no es ciudad: es cicatriz. El calor le chorrea por la espalda como si el sol lo estuviera castigando por pensar distinto. Lleva un morral lleno de frascos que brillan como ojos de gato atropellado. No vende luz. Vende la ilusión de que la noche no ha ganado del todo. “Esto no es contrabando,” dice, pero nadie le cree. Ni siquiera él. Ailín lo sigue. No como discípula, sino como sombra. Tiene once años y los dedos manchados de código y mugre. Habla poco. Cuando lo hace, parece que recitara telegramas de un futuro que ya fracasó. En la radio clandestina, una voz repite: “La patria es un apagón que aprendimos a habitar.” Los frascos de luz no iluminan. Revelan. Las grietas, los cadáveres de refrigeradores, las cucarachas que se creen dueñas del país. La gente los compra como quien compra estampitas: por fe, no por utilidad. Y Erangel, lúcido, terco, sabe que no está salvando a nadie. Solo está dejando constancia. Com...

El Traficante de Luz Solar (Versión Grotesca y Trágica)

El Traficante de Luz Solar (Versión Grotesca y Trágica) Ambientado en el vertedero de Petare, 2025. Lenguaje coloquial venezolano, con giros corrosivos y estructura difusa. Escena 1: Erangel y el Lápiz Maldito Erangel, flaco como un alambre de púas, se rascaba las costillas bajo un sol que parecía un cuchillo oxidado. En la mano, el lápiz de plomo negro que usó para reventarle los ojos a El Hambre, capo de los maleantes que vendían oro falso en las plazas. —¡Este lápiz no es pa’ escribir poemas, carajo! —masculló, escupiendo flema verde contra un poste de luz muerto—. Aquí el que manda soy yo, y la luz solar no se roba… se trafica. La jerga de los barrios se mezclaba con susurros cuánticos: "Los de la NASA siembran opio en la luna, pero el oro verdadero está en la orina que los magnates convierten en hidrógeno pa’ las bombas". Erangel no creía en cuentos, pero sabía que el container lleno de paneles solares bajo el puente Zurza era su billete pa’ comprarle una muerte honora...

El Traficante de Luz Solar

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Ambientado en el vertedero de Petare, 2025. Lenguaje coloquial venezolano, con giros corrosivos y estructura difusa. Escena 1: Erangel y el Lápiz Maldito Erangel, flaco como un alambre de púas, se rascaba las costillas bajo un sol que parecía un cuchillo oxidado. En la mano, el lápiz de plomo negro que usó para reventarle los ojos a El Hambre, capo de los maleantes que vendían oro falso en las plazas. —¡Este lápiz no es pa’ escribir poemas, carajo! —masculló, escupiendo flema verde contra un poste de luz muerto—. Aquí el que manda soy yo, y la luz solar no se roba… se trafica. La jerga de los barrios se mezclaba con susurros cuánticos: "Los de la NASA siembran opio en la luna, pero el oro verdadero está en la orina que los magnates convierten en hidrógeno pa’ las bombas". Erangel no creía en cuentos, pero sabía que el container lleno de paneles solares bajo el puente Zurza era su billete pa’ comprarle una muerte honorable al sistema. Escena 2: La Cofradía del Bachaco Lun...

Erangel y la Luz de las Tinieblas

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No crean que esto es cuento, ni novela barata de esas que venden en la esquina. Esto es lo que vi, lo que viví, lo que me comí con el lápiz en la mano y el hambre clavado en las tripas. Soy Erangel, un tipo común, pero con un poder que ni yo entiendo, escondido detrás de un lápiz, ese mismo que usé para matar a El Hambre, el jefe de esa banda de maleantes que traficaban con oro falso en las plazas. Oro de mierda, bronze barato, que ellos usaban para cortejar a Juana, la falsa divinidad que con su aliento de dragón les daba muerte honorable, la muerte que ellos buscaban para escapar del hambre. Pero yo no creo en cuentos, ni en dragones, ni en dioses de mentira. Aguanto el hambre, trafico con luz solar en los barrios, en las esquinas, en containers podridos, con mulas que llevan la carga y el dinero lavado, y con un plan que armé paso a paso, como en esos cuentos de Poe, para ganarles a la falsa justicia y desenmascarar a Juana, la reina de las tinieblas. La Luz que No Se Ve Dicen qu...

narrativa

Entiendo, esa arraigada tradición y sus imprudentes fragmentos, lo que muchos ignoran es que siempre hay una oportunidad oculta para el bien en cada desafío adverso. Si decido actuar, es porque así lo desea Fisher. Observando a través de la ventana, se podía ver cómo conspiraban contra la Corona, cuestionando la autoridad divina con blasfemias. -Pero mi señor, ellos se mueren de hambre… -Si me cuestionan a mí, están cuestionando a Fisher ¿alguna objeción? Los puñales relucían con un brillo inusitado, más intenso que nunca durante los motines, luego de que los fanáticos escudriñaran los fragmentos de papel. Sin embargo, la sed de libertad de los rebeldes era aún más ardiente; sus aliados emergían como si brotaran de entre las piedras, en tal cantidad que aquellos que leían los fragmentos se encontraban completamente acorralados, enfrentando la muerte, implorando misericordia y entonando epopeyas, en espera de un rescate que nunca llegó. A pesar de las diversas representaciones hechas po...
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El mar, en su infinita majestuosidad, se llevó consigo lo eterno y envolvió en su danza los contornos de las arenas. Voces fugaces de otro tiempo emergen, como susurros del pasado, en las piedras de atardeceres que se desvanecen, adornados con el relieve salino. La sed de libertad, esa fuerza primordial que nos impulsa a buscar horizontes de autodeterminación, se convierte en el grito mudo de quienes contemplan los nuevos muros y torres de Gobierno erigirse. La provincia, bajo el peso de una "avanzada espantosa" citada de las palabras grabadas en El muro Oficial , refleja una realidad donde los edificios imponentes de mercaderes extranjeros y las casas lujosas se alzan como monumentos a la indiferencia. Desde sus ventanas, el ir y venir de las plebeyas se observa con una mezcla de curiosidad e indiferencia; su sacrificio y desgaste no compensados por el dinero, y menos aún cuando los impuestos se incrementan implacablemente. Los verdaderos beneficiarios de este sistema, engor...

Narrativa de Erangel Rivas

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Reflexiones en la Encrucijada de la Esperanza En aquellos tiempos vibrantes de cambio, nos encontrábamos constantemente ante seres de una naturaleza misteriosa, quienes prometiendo redención y sustentos de los carruajes celestiales legendarios con destreza captan nuestra atención, guiándonos a salvo por los riesgos del camino, mientras nos envolvían en un confort transitorio. Hábiles en el arte de la persuasión, atribuían cualquier contratiempo a nuestra fe incipiente. Con ojos resplandecientes y corazones inflamados de pasión, absorbíamos cada palabra pronunciada, creyendo con fervor en las promesas de victorias sobre el vasto Imperio de lo Desconocido. Soñábamos despiertos con la llegada de los carruajes, liberados al fin del yugo celestial, repartiendo sus tesoros equitativamente entre los más desfavorecidos. Nos narraban hazañas casi míticas, bajo la atenta mirada de guardianes secretos, cuyas sonrisas astutas sembraban en nuestros corazones una embriagadora mezcla de esperanza y...